Cuando alguien dice una cosa y hace otra distinta, empezamos a sospechar que nos intenta engañar para obtener un beneficio inmerecido. Esto es algo que ocurre con una buena parte de los gobiernos estatales. Dicen que están para el beneficio del pueblo que se supone que sirven, pero al ver a donde van los dineros que recolectan vía impuestos, observamos como los innumerables políticos, asesores políticos y adjuntos son pagados muy generosamente, mientras que los insuficientes enfermeros, médicos, policías y profesores son pagados muy modestamente, por decirlo elegantemente.
Esta incongruencia entre las palabras y los hechos, nos da a entender que el estado en muchos países se ha convertido en la herramienta necesaria por la que grupos organizados bajo el disfraz de altruistas organizaciones políticas, obtienen todo tipo de privilegios, parasitando al ingenuo pueblo al que juran querer servir.
La única forma de salir de este estado de cosas es la educación: tanto moral como económica y financiera. Los pueblos que mayoritariamente ignoran esto, son fáciles presas de los "amigos del pueblo".

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