¿Acaso creemos que alguien desea ser pobre? ¡Nadie quiere serlo! Y sin embargo muchos de ellos son los artífices de su propia desgracia (aunque no son conscientes de ello). Siguiendo los cantos de sirena de aquellos que les prometen un estado que les subvencionara todo a cambio de nada.
En aquellos sitios donde se ha impuesto este discurso, en vez de reducirse la pobreza, lo que ha ocurrido es que se ha incrementado la pobreza, como hemos visto en Cuba, Venezuela y próximamente en Perú.
La pobreza es un problema muy grave que afecta el bienestar de los más débiles (niños y ancianos), la esperanza de vida de las personas y la calidad de esta.
El concepto de pobreza es muy elástico, pero podemos decir que lo que como sociedad deseamos que exista un nivel mínimo aceptable, que si a nosotros nos tocase vivir en ese nivel, podríamos desarrollar nuestra vida con normalidad.
La clave de este problema está en los "incentivos correctos", que no son otros que aquellos que facilitarán la aparición de más puestos de trabajo bien pagados. Esto no se consigue por decreto, sino más bien permitiendo que las relaciones laborales sean más flexibles, y que las empresas puedan capitalizarse más de lo que actualmente los están. Con lo cual aumentará la productividad y el tamaño de los proyectos que puedan acometer las empresas.
¿Subvencionaremos la pobreza?
¿o facilitaremos la creación de puestos de trabajo bien pagados?

